La piel del oso.
Written by Arlequin on Abril 28, 2008La piel del oso, siempre es vendida antes de ser cazada. Y cuando no, nunca llegas a cazarla. La ley de Murphy en su máxima expresión, azotando con rabia tus exhaustas pupilas, resecando una boca en estado de hibernación, y golpeando tu moral de forma cruel y mezquina.
Pero la vida, como se suele decir, es así. Y no hay más. No habrá juicio final. No vendrán los asexuados ángeles a recogernos en sus nubes blancas y relucientes para llevarnos ante su Dios para evaluar nuestro paso por la tierra. Todos irémos al infierno. O al cielo. Pero todos. Lo que pasó, ha pasado, y pasa, es algo que ya está escrito en el telar del destino por las tres Normas, viejas amargadas que disfrutan creyéndo que son ellas la mano que mece la cuna.
Es una pena, pero el pasado no se puede cambiar. Y el futuro tampoco. Es el presente el que está en nuestras manos, pero un leve lapso de tiempo tan ínfimamente pequeño que ni nos damos cuenta. Y para cuando lo hacemos, ya es pasado. Y no lo podrás cambiar.
El aragonés Errante.
“Dentro de ti tu edad
creciendo,
dentro de mí mi edad
andando.
El tiempo es decidido,
no suena su campana,
se acrecienta, camina,
por dentro de nosotros,
aparece
como un agua profunda
en la mirada
y junto a las castañas
quemadas de tus ojos
una brizna, la huella
de un minúsculo rio,
una estrellita seca
ascendiendo a tu boca.
Sube el tiempo
sus hilos
a tu pelo,
pero en mi corazón
como una madreselva
es tu fragancia,
viviente como el fuego.
Es bello
como lo que vivimos
envejecer viviendo.
Cada dia
fue piedra transparente,
cada noche
para nosotros fue una rosa negra,
y este surco en tu rostro o en el mío
son piedra o flor,
recuerdo de un relámpago.
Mis ojos se han gastado en tu hermosura,
pero tú eres mis ojos.
Yo fatigué tal vez bajo mis besos
tu pecho duplicado,
pero todos han visto en mi alegría
tu resplandor secreto.
Amor, qué importa
que el tiempo,
el mismo que elevó como dos llamas
o espigas paralelas
mi cuerpo y tu dulzura,
mañana los mantenga
o los desgrane
y con sus mismos dedos invisibles
borre la identidad que nos separa
dándonos la victoria
de un solo ser final bajo la tierra.”
Pablo Neruda.

