Cabeza y Corazón

Written by Arlequin on Junio 5, 2008 – 6:58 pm -

House: Estás muerta.

Amber: Todo el mundo se muere.

H: ¿Estoy muerto?

A: Aún no.

H: Pues debería.

A: ¿Por qué?

H: La vida no debería ser aleatoria; los misántropos solitarios y drogados deberían morir en los accidentes de autobus, y los jóvenes buenos y enamorados a los que sacan de casa en plena noche deberian salvarse.

A: La autocompasión no te pega.

H: Ya bueno, diversifíco mi autoaversión y mi autodestrucción. Wilson me va a odiar.

A: Casi te lo mereces.

H: Es mi mejor amigo.

A: Lo sé. ¿Y ahora que?

H: ¿Podría quedarme contigo?

A: Apéate.

H: No puedo.

A: ¿Por qué?

H: Porque aquí no hay dolor, y yo no quiero sufrir, no quiero ser infeliz. Y no quiero que me desprecie.

A: Bueno, no siempre obtienes lo que quieres…

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El rock se viste de negro

Written by Arlequin on Junio 3, 2008 – 8:07 pm -

Y esque hoy, el rock no rima. El rock’n'roll añejo, el de las guitarras eléctricas de distorsión discreta, está de luto.

Bo Diddley. El padre del Rock, que un día se folló al blues con su cara más canalla, y de ahí, nació simplemente una estrella. Una senda que miles de turistas admirarian, muchos otros recorrerian, unos pocos ignorarian, y bastantes más de los que debieran rechazarian.

Hoy, los acordes resuenan a media asta.

Bo Diddley

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Starway to heaven

Written by Arlequin on Junio 2, 2008 – 1:52 pm -

El minutero revela como poco a poco, el ciclón se aleja sinuosamente por la senda del pasado, dejando a su paso secuelas varias. Secuelas profundas. Y el sol asoma el hocico con el ceño fruncido de la ruidera que no le dejaba dormir. Otrora nido de miles de jilgueros afónicos, el mar multicolor de ésta calma se torna en sí misma para reflejar desorbitadas promesas y reflexiones que a ritmo de armónica de spaguetti-western se baten en duelo a tu espalda, salpicándote la espina dorsal de la esencia del universo más precario.

A tiro de piedra te ves la sombra, y sus aristas venenosas que nunca podrás limar, extendiendo las alas mojadas que jamás podrán volar. Y cogiendo carrerilla saltas de cualquier puente con los ojos cerrados, y los puños bañados en canciones y declaraciones de intenciones, que al aterrizar amortiguarán las maltrechas suelas de tu vida.

En la escalera hacia el cielo que resta de camino, la religión que reina es la nada más desesperante. El dar vueltas de campana alrededor de la hoguera donde arderán todas aquellas cosas que odiaste y que por algún extraño motivo, arrojaste con temblorosas manos para alimentar las ascuas de la renovación.

Cuando el cielo se nubla, la poca luz que vaga por el mundo me enturbia el alma, y domina mi sonrisa más falsa. Cuando el cielo se nubla, la escalera hacia el cielo que tengo delante mío se desvanece como la hojarasca en el Otoño de un clima forzosamente cambiante.

El aragonés Errante.

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