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Niebla
Written by Arlequin on Noviembre 7, 2008 – 2:51 am -La típica niebla londinense invadía la sucia estancia cúbica donde tembloroso y taciturno se disponía a dar un cambio a su vida.
-En serio, ésta vez no hay vuelta atrás- Juraba entrelazando las sílabas con el sucio humo de sus polvorientos pulmones.
-Supongo que estarás contento…- La inquisitiba voz se clavaba en sus resacosos tímpanos como dagas afiladas…
-No sé como estoy. No estoy, creo. Últimamente… - Lo que venía despues se estampó de bruces contra el irritante sonido de la falta de intenciones de un telefono maltratado por los años.
“Estas viejas cabinas de mierda, serán todo lo míticas que quieran pero no sirven ni como picadero…” se susurraba a trompicones mientras se cubría la cabeza con la cazadora de cuero, pues la fina lluvia volvía a hacer mella en el paisaje tras unas horas de apacible y engañosa tregua. La calle se curvaba en su lejanía, a la vez que a lo alto se tornaba poderoso bosque de ventanales, ahora cerrados y alicatados contra la venidera tormenta, que no presagiaban poco más de lo que reflejaban. En las aceras, las gentes iban y venían furibundos, abstraídos en sus grises vidas, como grises son las veladas románticas de los enamorados primerizos, timidos ellos. Los coches, zumbaban inconscientes a lo largo de la avenida escupiendo hacia los laterales todo lo que se les ponía por en medio, acelerando por poder coger el semáforo en ambar rojizo a tiempo. Y en su cabeza, sin embargo, las ideas se apelmazaban y amontonaban en los rincones más oscuros de su conciencia, como asustados de saber que quizá el orden correcto podría suponer un revés tan sumamente doloroso que no tuviera fuerzas de encajarlo. A veces, se preguntaba si todo le pasaba a él, puesto que miraba a su alrededor, y los semblantes serios y distendidos se diseminaban por igual en el espacio atemporal de las calles sin reflejar matices dramáticos relevantes.

Y sin embargo, suelen estar ahí, ocultos, como ocultos estaban los suyos. Como siempre lo estuvieron. Pero eso iba a cambiar. Con un movimiento rápido, sacó las llaves del bolsillo derecho, y con un juego de muñeca envidiable abrió el portal de una patada para poder descansar; la carrera por no mojarse lo había dejado exhausto.
“He de dejar de fumar” Se decía constantemente entre toses y esputos varios. Antes de subir a descansar un duro día de necedad, lo intentó una vez más. Pero seguía sin cogerselo. Sonará raro que llamara con el movil, pues hace un momento se encontraba en una de las conocidas cabinas de Londres, pero siempre mantuvo ese feeling vintage con esas cabinas, que aunque ya desfasadas, conservaban su encanto intacto. Quizá pensaba que le ayudarían en su travesía de recuperar tiempos pasadas que sin duda fueron mejores.
Tras 234 escalones, se encontraba ante el felpudo típico de una casa típica donde no te quieres quedar. Y con desprecio, se deslizó hasta su habitación para, insibilino, desnudarse y echarse a dormir, con una sola idea en la cabeza: Que mañana será otro día.
Lo que no sabía, es que sería otro día igual.
-¡Buenas!- Sus saludos joviales siempre le habían parecido tan estridentes como enérgicos. Samantha era un huracán de sensaciones, todas distintas por supuesto.
-Que hay…-Y los suyos, siempre habían parecido el último deseo expreso de un moribundo.
-Joder tío, podias alguna vez despertarte con el pie derecho, ¿No?
-No se me da bien, y lo sabes.
-Bueno, segun tu eso va a cambiar dentro de poco…-Mientras arrastraba la última letra perfumada de cierto tono de interrogatorio, deslizó suavemente la taza de su Capuccino hasta unos labios rosados y carnosos que ciertamente nunca le habían atraido demasiado. Tenían un gesto extraño, como torcido, nunca supo si era una cicatriz o un tic.
-No estoy tan seguro. Hay muchos… riesgos.
-¿Riesgos? Te han cambiado. Desde que estás solo no hay quien te reconozca. ¿Riesgos? ¡No me jodas!- Ahora, la taza ya no se habia posado tranquilamente sobre el plato, sino que el tintineo rabioso del choque había conmocionado a medio bar. Su pepsi, sin embargo, estaba casi intacta.
-Sí, riesgo. No puedo joderla otra vez. Sería… demasiado. No sé si podria soportarlo. - Se intentaba convencer a si mismo de que sí que podría, que en plazas peores había toreado. Pero la vida no le sonreía por temas que ciertamente no vienen al caso, y eso era más que suficiente como para hacerle dudar.

-Buah, quien arriesga no gana y lo sabes. Estás haciendo el tonto, perdiendo el tiempo, y al final te pasará factura. Y te arrepentirás. Toda la vida.-Ese tono maternal no le hizo ninguna gracia, pues la conversación quedo practicamente finiquitada al instante.
-Tú que coño sabes, joder… La erre resonó en el marco de la puerta.
Seguían sus ideas allí, agazapadas, hasta que una señal invisible las hizo salir a la vez. A todas. Y, abrumado, no pudo sino pestañear por el abordaje masivo de sol intempestivo y de ideas ensangrentadas. Esa sensación de angustia lo dejó helado, casi inconsciente, hasta el punto de no ver el coche que venía calle abajo mientras él se incorporaba al trafico de la ciudad en su vieja moto, fiel compañera.
Y allí estaba, en la puta cabina roja, sin saber que hacer, ni a donde ir. El agua deslizaba por las puntas del flequillo despeinado, mientras gotas osadas resbalaban lascivas como la hiedra por la nuca erizada. Pero nada tenía sentido. Ni sensibilidad. No sabía nada, ni donde, ni qué, ni porqué. Y es ahí, cuando no hay nada ni sabe nada, cuando el hombre es el animal más peligroso. Para sí mismo, irónicamente.
“En medio del camino de nuestra vida
me encontré por una selva oscura,
porque la recta vía era perdida.”
El aragonés Errante
El chico de nudillos rojos
Written by Arlequin on Octubre 26, 2008 – 5:51 pm -El techo no le decía nada. Así que cogió sus cuatro efectos personales enfilando lo que podría ser símil de la puerta custodiada por San Pedro, para adentrarse en las escaleras destartaladas, cochambrosas que conducen al purgatorio o quizá a un infierno que lejos de ser quimera se convierte en mera y puntiaguda solución.
Le sobraban las mangas, un tercio del pantalón, tres cuartos de tiempo libre y medio cerebro hijo puta… en sus bolsillos, trece euros con cincuenta, un zippo que lejos de funcionar se ríe cada vez que le aprietas el gaznate, y nada más. Se dejó su cordón umbilical con el mundo en la mesa de su habitación, reposando sobre cienes y cienes de hojas, algunas llenas de estupideces y otras también…
Colgando del cuello, 21 gramos. El pentagrama de sus pasos, el hilo musical de su culo inquieto… medio roto, irónicamente.
-¿Y ahora que vas a hacer?
- Calla, nadie te ha llamado.
-Cobarde… ¿No harás nada? ¿Serás capaz?
-¡Que te calles!
Y sin darse cuenta le sangraban los nudillos.
Y sin darse cuenta había hecho daño a alguien.
Y para cuando se dio cuenta un cincuentón canoso perjuraba en hebreo que se acordaría de su cara, y cara sería la reparación de su escaparate. Corría.
-¿Qué coño hacía hablando con un cristal?
-No era un simple cristal, y lo sabes…
-Vale… era yo. Bueno, tú. ¿Cambia algo?
-Supongo que no…
Como si de un puñetazo al esternon se tratase, frenó todo signo de melodía taladrando sus tímpanos… le acababan de desconectar del mundo. Su mundo…
-Que cojones…
-¡Pero tío! ¡Que no me oías! Algún día te verás escuchando el silencio, como Bethoween…
-Como si se muere la humanidad hoy mismo…
-¿Otra vez?
-Parece…
-Venga que te invito a unos billares, a ver si te quito las penas y de paso te humillo un rato…
-Como quieras, pero lo primero lo tienes jodido.
-Pruébame.

Las bolas chocaban, y lejos de quejarse… se dejaban. Qué iban a hacer, alguien hizo que su existencia se limitara a barriobajeros en horas altas y a competiciones de alto standing… ni tanto ni tan poco, murmuraba el chico de nudillos rojos.
- Vaya vaya… ya te dije que no podrías.
- Si te he ganado…
- Me refería a lo primero.
- No optaba ni siquiera a ese premio… depende más de ti.
- Pues vamos jodidos…
- ¿Otra?
- Paso… ya nos veremos otro día si hay suficiente sol.
- ¿No lo hay hoy?
- ¿No ves que no?
- Tú y tus gilipolleces…
- Tú lo has dicho… MIS…
- Ok ok, sólo digo que nada no tiene solución.
- Fijo…
Y sin darse cuenta, sudaba. Gritaba incluso. Se peleaba con las sabanas luchando contra un calor interno, asesino, que taladraba cada poro de su piel. ¿Cómo había llegado allí?
¿Había estado soñando?
¿Solución?
Quizá la solución está donde me dijeron que todo tiene solución.
Y sin embargo, en la mesa, dormían doce con cincuenta… sin darse cuenta de que la treceava moneda, de borde sospechosamente rojizo, reposaba irónica bajo el atrapasueños que malvivía sobre su cabeza.
El aragonés Errante
Mierda
Written by Arlequin on Octubre 10, 2008 – 3:59 pm -El publico puesto en pie,
agitando las banderas,
grita una y otra vez: ¡Mierda!
¡Qué mierda!
¡¡Qué mierda más gorda!!
¡Que asco de idealismos sociales,
qué asco de ilusiones que sólo llenan
de falsas esperanzas!
¿Dónde están las bonitas verdades?
Por aquí no andan…
Si acaso, de vez en cuando,
pasan como tormentas de verano
por mis asquerosos pensamientos…
Robe Iniesta
Filosofía de bar
Written by Arlequin on Octubre 9, 2008 – 6:23 pm -
“Filosofía en los bares,
de paredes oscuras y suelo de goma,
donde la vida viene y va,
donde nada importa nada,
y dentro de un rato será tu cruz…
Barricada de contención a punto de explotar,
entre amargos tragos se resquebraja donde el mapa
marca un aspa rojiza entre el cielo y el mar,
donde nada importaba nada
y dentro de un rato será tu cruz…
Y cuando un rato ya ha pasado en tus pupilas,
lastrarás las palabras de la filosofía
de gafas de sol y espaldas,
ni las herraduras o la sal
te podrán salvar…
Filosofía de bar,
para mentes de mar,
coherencia absoluta
que pesa como un losa
sobre tu malestar…”
El aragonés Errante
Tan…
Written by Arlequin on Septiembre 22, 2008 – 4:31 pm -Soy tan humano,
como cualquiera que llora,
cualquiera que reza,
cualquiera que acierta
cuando le toca elegir…
Soy tan persona,
como cualquiera que pregunta más que cualquiera,
cualquiera que canta al amor,
y vive la vida loca,
cualquiera que se muerda las uñas,
o se levante de buen humor…
Aunque Dios ya no me fie,
y a veces
arriba
a veces abajo,
soy tan como cualquiera,
que no lo sé demostrar…
El aragonés Errante
What planet is this?
Written by Arlequin on Septiembre 14, 2008 – 5:23 pm -Bastante tenía ya con aguantarla como para encima pagarle más copas. Lastroso, mis ojos vislumbraban una fina noche de invierno entre los humos y el tintineo de vasos de tubo. Con el horrible timbre de voz característico de Lady Drama (a veces, los nombres hacen justicia) martilleando la pieza de blues de una banda local, nadie parecía percatarse de que no estaba allí. Al menos, ella no lo hacía.
-Y más tarde, quedamos para hablar. Para hablar, ¿Eh? Lo juro. Lo que pasa es que una cosa llevó a la otra… y es tan guapo… pero le dije que se acabó, ¿Sabes? Estoy harta, y le dije que como amigos. Claro, antes le devolví la pulsera de mierda que me regaló. Se cree que se me puede comprar sin más ni más.- Se mojó ligeramente los labios, supongo que deshidratados de rozarlos con estúpidas palabras que como papel de lija deslucían el ambiente bohemio del local.
-Ahá…-Afirmé rotundamente. No sé si en aprobación, porque realmente me daba igual. No sonó muy convincente, pues conforme salía de mi garganta mezclado con el humo del cigarro se notaba que iba sin ganas.
-Así que lo hemos dejado definitivamente… ¿No es fantástico? Supongo que ahora, si aún sigues queriendo como decías en aquella carta…- De repente, como en algunas canciones, se desdibujaba el volumen de la conversación entonandose cada vez más en un fino hilo casi imperceptible.
Puta carta.
-Eh… pues en realidad no. Que te jodan… Sí, que te jodan.- Ahí va. Con mis datos personales y todo. Se ve que ese día estaba animado.
-¿Como? ¿Estás gilipollas?-Puso una cara… si os soy sincero, seguro que sabéis que cara puso. Imaginad una muñeca hinchable. Pues igual de falsa. Jodida ninfómana…
-Pues eso. Que paso. Que te he llamado para mandarte a la mierda, básicamente. Pero de buen rollo, de hecho pensaba seguir pagando la ronda.
-Mira tío, que te jodan. ¿Para eso me haces perder el tiempo?- Su tiempo es oro. Literalmente. Cobra por horas. Y sino, debería.
-Ok…- El sorbo de Jack Daniels me supo mejor que nunca.- Además, gracias a mí estás escuchando una de las mejores bandas de blues de por aquí. No es que haya muchas, pero eso no le quita mérito.
-Que te den.- Y como era de esperar, me tiró el resto de su triste ron con cocacola a la cara. Se había ofendido. Las mujeres no saben encajar un no.
Desde hacía tres o cuatro minutos, se había sentado detrás suya una chica morena, de pelo largo con aires de Pin Up de porcelana. De tez ligeramente pálida, maquillaje mediante, resaltaban unos labios carnosos inténsamente rojos. En el ojo derecho relucían unas pestañas postizas negras, y de una bolsa asomaban un bastón, un sombrero de copa, y una rosa blanca. Con un vestido negro con detalles rojos, dejaba poco a la imaginación. Me había enamorado.
Ella, era el espectáculo de la noche. Miss Azar, la llaman. Miss Azar y el show del trasnoche en Zig-zag. Curioso. Pero os lo juro. A veces, los nombres hacen justicia.
Me acomodé en la silla. Sonaban los primeros compases de las trompetas de The Real Flok Blues, y bajo la atenta mirada de las pupilas hambrientas de los hombres maduros, un foco iluminaba la sala. De aquí para allá. Hasta detenerse en la mesa de enfrente.
Y, de repente: Comienza el espectaculo…

El aragonés Errante.
Brain Storming
Written by Arlequin on Julio 18, 2008 – 12:36 am -Que no vale para nada,
lo que dices nada más levantarte,
que daría todo lo que fuera
por que fueras conmigo al baile…
Y al son del vals de dos caras,
sentadas una en cada punta de la mesa,
las bifurcaciones del huracán,
se enfadan a ver quien puede más…
Se me acaba el tiempo,
las ganas,
las oportunidades
y por supuesto el alcohol…
Y no encuentro un motivo,
la punta de un hilo,
la huella
que me lleve a ningún lugar más vivo…
El aragonés Errante.
Marca de agua
Written by Arlequin on Julio 13, 2008 – 10:07 pm -- Dios… ¿Dónde estoy?
- ¡Buenos dias! La pregunta no es el donde, al fin y al cabo, es tan relativo como el qué te llevo a estar en el donde.
- Esto no es real… ¿No? Ni siquiera tienes acento…
- Que más da… si estamos aquí es porque tú has querido.
- Pero… - rápidamente, en un vistazo pudo comprobar que tan sólo un par de detalles les rodeaban, lo demás, aparecía borroso, irreconocible, como si no se supiera realmente qué es…- ¿Quién eres? ¿O eso tampoco es importante?
- En realidad no. Porque ya lo sabes. Lo que pasa es que no lo recuerdas.
- Gracias, me estás siendo de mucha ayuda ¿eh?
- En realidad -farfullaba mientras buscaba algo en los bolsillos- no estoy aquí para eso.
- ¿Entonces…?
- Entonces simplemente me has traido tú… y me has metido ésto en el bolsillo. Obviamente no te acuerdas, si tampoco recuerdas quien soy es normal.
Y estirando una mano mugrienta y algo agrietada, le alcanzó con un gesto lento y dejado dos objetos que conforme se acercaban iban desemborronandose en sus retinas.
- ¿Yo? Ya sé, todo ésto es un puto sueño…
- Pues puede. Tampoco es importante, claro.
Mientras, jugueteaba intrigado con el mechero y el papel que le había alcanzado ese individuo en la penumbra…
- ¿La quemo?
- Sólo si sabes qué es.
- Es una carta. Una carta que una vez valió algo. Pero ahora quema, y aún no he encendido el mechero…
- Es tu marca de agua, amigo.
Ahora sí que estaba perdido.
- Claro… cómo no habré caido antes… - y encendiendo el mechero, me dispuse a quemar lo que siempre habia querido quemar, aunque nunca me había atrevido.
- Es un papel. Cadenas. Fantasmas. Quémalo, y sal de aquí…
- Pero… yo… no puedo…
- Puedes si quieres, pero nunca quisistes. Es más facil estar de rodillas que intentar levantarse, ¿verdad?
Ok. Trato hecho, ya se de que va todo ésto. Lo quemaré, lo juro: Todo, todo arderá, para siempre.
- Dame tiempo ¿ok?
- Pídetelo a ti mismo.
- Ya lo estoy haciendo…
- Al fin lo has entendido… entonces, ya me voy.
- Gracias… pero no te prometo nada.
- Lo sé.

El aragonés Errante.
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