Paz

Written by Arlequin on Septiembre 4, 2008 – 1:01 pm -

Junto a la mesa de la esquina en
El café
Está sentada
Una pareja de mediana edad.
Han terminado de comer
Y están bebiendo una cerveza
Cada uno.
Son las 9 de la noche.
Ella está fumando un cigarrillo.
Luego él dice algo.
Ella asiente.
Luego habla ella.
Él sonríe, mueve la mano
Luego se quedan callados.
A través de la persianas
Junto a la mesa
Parpadea
Una luz roja de neón.

No hay guerra
No hay infierno.

Luego él levanta su botella
De cerveza.

Es verde,
Se la lleva a los labios
Le da un sorbo.

Es una Coronet.

Ella tiene el codo derecho
Apoyado sobre la mesa
Y en la mano
Sostiene el cigarrillo
Entre el pulgar y
El índice
Y cuando ella le mira
Fuera las calles
Florecen
En la noche.

Suerte

Hubo una vez
En que fuimos jóvenes
Dentro de esta máquina
Bebíamos
Fumábamos
Tecleábamos

Fue un tiempo d e
Esplendor
Un milagro

Aún lo es

Solo que ahora
En vez de
Ir hacia el tiempo
Es el tiempo
El que viene hacia nosotros
Y hace que cada palabra
Taladre
El papel

Clara
Rápida
Contundente

Alimentando
Un espacio
Que se cierra.

Bukowski

PD: “Sólo hay dos cosas infinitas en este mundo: El universo, y la estupidez humana. Y del universo no estoy muy seguro…” Albert Einstein.

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Sonreir sin arbotantes

Written by Arlequin on Mayo 12, 2008 – 9:02 pm -

Y esque a veces, y sólo a veces, cuando la mano justiciera del destino afloja los músculos, surge una única y fugaz oportunidad de sonreir sin arbotantes. De enseñar los dientes queriendo hacerlo a un mundo que tus pupilas recordaban gris, pero que ahora matiza la vida en tonos cálidos, y tu alma se acerca tanto a la felicidad que casi casi pueden rozarse en un cortejo vaporoso, donde la arena y el polvo de una niebla mezquina se sientan alrededor para aplaudir…

Y esque, a veces, sólo a veces, no necesitas más. Ni menos.

Rock’n'Road

El aragonés Errante.

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“La rosa temblorosa

se desprendió del tallo,

y la arrastró la brisa

sobre las aguas turbias del pantano.

Una onda fugitiva

le abrió su seno amargo,

y estrechando a la rosa temblorosa

la deshizo en sus brazos.

Flotaron sobre el agua

las hojas como miembros mutilados,

y confundidas con el lodo negro,

negras, aún más que el lodo, se tornaron.

Pero en las noches puras y serenas

se sentía vagar en el espacio

un leve olor de rosa

sobre las aguas turbias del pantano.”

Ricardo Jaimes Freyre.

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